Imagen tomada de Google
Con finas intenciones adoptamos miedos en la inconsciencia. Absorbemos el humo que emana del cigarrillo del bufón que esta misma encarna. Burlamos la esencia propia con arandelas falsas, halagos superfluos que nos ofrecen, y como si fuera poco, los aceptamos gustosos.
Atamos a nuestro cuello sogas incorpóreos de extrema tersura. Luego, al posarnos frente al espejo nos asustamos, vemos la víbora recorrer nuestro cuello son su delgado cuerpo, pero no la re-conocemos como la imagen de nuestra mente ya gastada. Las sogas se encuentran fusionadas en una sola; es la reunión de temores, a cada paso, los ojos del gato que brillantes observan en la obscuridad , a la exploración, a las prohibiciones, voyeurismo y morbo, peticiones al tiempo y demás bichos que andan y pican dejando llagas rojas,hinchadas e inflamadas, así, asquerosas como justamente lo son.
Hay elementos que hacen visibles las sogas en nuestros divinos cuerpos y en nuestra pútrida existencia. Re-conocer nuestro contenido inconsciente , aceptarlo, saludarnos a nuestros demonios o hacernos cómplices de la muerte, son puntadas que anudan las heridas.

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