Entonces parece que la destrucción es una característica divina, por tratarse de ser reflejos de aquel que quiso extender su imagen.
Luego, el trabajo se nos dio como castigo pero aún así a veces nos deleitamos en oficios que se nos han delegado. De igual manera sucede con la tristeza y el regocijo; La causa de felicidad resulta ser la misma que nos el motivo para el desasosiego *. Como el reflejo nuestro que esquivamos en la calle pero en la ventana de un bus buscamos, vemos, contemplamos y admiramos.
*Emil Cioran
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